IDENTIDAD Y DESTINO

PS. MANUEL SHERAN

crossroadAnoche leíamos con mis hijos una porción de la escritura que hablo mucho a nuestra vida.

Luc 22:63-65  Los hombres que tenían a Jesús bajo custodia, se burlaban de El y le golpeaban;  (64)  y vendándole los ojos, le preguntaban, diciendo: Adivina, ¿quién es el que te ha golpeado?  (65)  También decían muchas otras cosas contra El, blasfemando.

Al leerlo tratamos de ponernos en el lugar de nuestro amado salvador. Y nos preguntamos ¿Qué se sentirá que lo se estén golpeando a uno en la cara con los ojos vendados y gritándole toda clase de insultos? Sin duda se ha de sentir horrible. Es un cuadro doloroso y desgarrador más allá de las palabras. Esto nos llevó a preguntarnos ¿Por qué permitiría alguien que lo estuvieran golpeando de esta manera tan brutal? Principalmente porque siendo Jesus Dios, podía destruirlos con el poder de su palabra. Apocalipsis 19:15 nos muestra una imagen aguerrida y gloriosa de Cristo en su segunda venida para juzgar a los vivos y muertos.

Apo 19:15  De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro; y El pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso.

Entonces ¿porque no hacer lo mismo en ese momento tan desconcertante?

Las respuestas a nuestras preguntas las encontramos en los siguientes versos de Luc 22. Específicamente del 66 al 71 cuando Jesus comparece ante el consejo de ancianos de Jerusalén.

En este relato, los miembros del consejo compuesto de los principales sacerdotes y escribas del templo, buscan sentenciar a Jesus porque se sienten ofendidos por su predicación. Pues expone que las obras de justicia de los fariseos no son suficientes para salvarlos. El problema es que eso no es suficiente razón para aplicarle la pena capital. Así que buscan como incriminarlo de algo más que sea meritorio de tal castigo. Ellos saben que lo único que puede conducir a ello es la Blasfemia. Así que buscan que Jesus se incrimine por su propia boca. De manera que comienzan a acosarlo preguntándole si es hijo de Dios. Ahora, Jesus sabía que él era verdaderamente el hijo de Dios y no tenía que probárselos pues ya había hecho amplias demostraciones de su poder. Sin embargo, el no respondería porque él es un Rey. Y el Rey no ofrece explicaciones, el Rey es reconocido. Mientras tanto los ancianos seguían preguntando: “eres el Hijo de Dios?” Y cada pregunta de estas en lugar de ser un tormento, era un recordatorio para Jesus acerca de su propia identidad. ¿Qué hacía que Jesus aguantara los golpes, las injurias, los insultos? ¡Recordar quien era! Su identidad definía su propósito, por lo tanto, este propósito normaba sus acciones. Como hijo de Dios su propósito desde la eternidad nos dice Hebreos 10:5-9 era venir a la tierra en forma de Hombre para morir por los pecados de aquellos que llamaría a la salvación. Los golpes, las injurias y los insultos lejos de hacerlo dudar, fortalecían más su propósito.

Isaias 53:7 nos dice que Cristo, el cordero de Dios, como el cordero que era ofrecido para el holocausto tenía que ser puro y sin mancha. Por tanto, el nunca abrió su boca ante sus trasquiladores. Esa la razón por la que Jesus nunca se incrimino con palabra alguna que pudiera transgredir a las leyes de los hombres, sino que fue injustamente incriminado por los principales del consejo de Jerusalén.

La segunda razón por la que Cristo permitió voluntariamente que lo golpearan, lo injuriaran y lo insultara fue por el gozo puesto delante de El al saber su destino. Esto lo fortalecía para soportar la angustia momentánea durante su misión terrenal.

En el verso 69 ¡Jesus hace una declaración asombrosa!

Luc 22:69  Pero de ahora en adelante, EL HIJO DEL HOMBRE ESTARA SENTADO A LA DIESTRA del poder DE DIOS.

Jesus sabía a donde iba al terminar su misión. Y ese glorioso destino era más satisfactorio que las aflicciones presentes. Vemos este mismo patrón en el martirio de Esteban de Hechos 7:54-60. Esteban tiene una visión clara de su destino, por lo tanto, lo que hagan los hombres aquí en la tierra es secundario para él.

Entonces ¿qué hacía que Jesus resistiera con gozo sacrificar su propia vida? ¡Su identidad y su destino! Su identidad: El Hijo de Dios. Y como tal debía cumplir su misión. Su destino: Estar sentado a la diestra del poder de Dios. ¿Habrá algo en la tierra que pueda ser más estimulante que esto? Puedes conocer todos los países del mundo, pero jamás podrás comprar un pasaje para ir a la diestra de Dios. ¡Ese es un derecho reservado para unos pocos! (Marcos 10:37)

Ahora ¿cómo aplicamos esta enseñanza a nuestra vida? Sencillo. Los golpes de la vida, los sufrimientos, las calamidades, las crisis, jamás deben robarnos el gozo de nuestra salvación. Podremos hacerles frentes si recordamos estas dos cosas. Nuestra identidad y nuestro destino.

En cuanto a nuestra identidad, sin importar el grado de sufrimiento que estemos pasando no debemos dudar que somos hijos de Dios. Y como hijos de Dios, 1 Corintios 10:23 nos dice que no nos dará una prueba más dura que la que podemos soportar y juntamente con la prueba él nos dará la salida. Como hijos de Dios, debemos ver el sufrimiento como el instrumento de Dios para santificarnos.

Finalmente, nuestro destino. Nuestro destino es estar en la presencia de Dios. David nos recuerda en el Salmo 16:11 que en su presencia hay plenitud de gozo. Es decir, que nuestro gozo es completo, no nos hace falta nada más. No existe nada que podamos desear fuera de Él. No hay nada que El mundo nos ofrezca que pueda satisfacernos como lo hace estar a su diestra. El mismo salmo concluye que hay delicias a su diestra.

Apocalipsis 21:4 nos dice que, en presencia de Dios, el sufrimiento de esta tierra será completamente erradicado.

Por lo tanto, amados lectores, cuando estemos pasando por diversas pruebas y sufrimientos gocémonos en Dios como nos dice Santiago 1:2. Fortaleciéndonos en recordar nuestra identidad y nuestro destino.

Advertisements